Si estás lleno de dudas o temores, es tiempo de conocer la sabiduría del libro del Eclesiástico

Escribo estas líneas desde la constatación de nuestra insuficiencia frente al pecado. De nuestra fragilidad y limitaciones. Que, si no tuviéramos el auxilio de la gracia, en vano lucharíamos, pues el enemigo es fiero, y la batalla es diaria.

Para iluminar esta cruda realidad, quiero valerme de las luces sobrenaturales que vierte en nuestro espíritu, el Libro inspirado del Eclesiástico. Con la esperanza que pueda darles luces a todos aquellos lectores, que abrazando el camino de la vida cristiana, nos enfrentamos una y otra vez con nuestro propio pecado. Con el peligro, algunas veces, de perder las esperanzas.

1. El Eclesiástico: un tratado para la felicidad

El libro del Eclesiástico es fuente de sabiduría, que nos enseña el camino para hallar la felicidad, siendo cada día más amigos de Dios. La felicidad para el cristiano es el camino de la santidad. Este Libro del Antiguo Testamento no es un tratado sistemático —como puede ser un libro filosófico de enseñanza ética— sino, una inspiración del Espíritu, que de acuerdo a una pedagogía sobrenatural, nos enseña —según como nos señala san Pablo— «el espíritu y la virtud» de Dios (I Corintios 2, 4).

El texto termina con una oración y una maravillosa exhortación para que todos vivamos la sabiduría que Dios nos brinda gratuitamente, con el fin de saciar nuestra hambre interior. Como diría san Agustín: «Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

2. La sabiduría divina

Todo el libro es una alabanza a la sabiduría. Monseñor Straubinger señala 10 partes, que pueden facilitar nuestra lectura del texto que recomiendo con insistencia. I 1, 1-4, 11: Elogio de la sabiduría, como los deberes para con Dios, padres, el prójimo, los pobres y oprimidos.

II 4, 12-6, 17: Ventajas de la sabiduría, la prudencia y sinceridad en el obrar, así como la amistad. III 6, 18-14, 21: Enseña las reglas de conducta social. La confianza en Dios. Hombres de los que hay que desconfiar. Así como aprender a luchar contra la avaricia.

IV 14, 22-16, 23: Los frutos de la sabiduría, y la claridad ante el pecado y su castigo. V 16, 24-23, 38: Un Himno al Creador. Aprendiendo a vivir la templanza para hablar con disciplina, y no chismosear, dejando clara la diferencia entre el necio y el sabio.

VI 24, 1-33, 19: Himno a la sabiduría. Cómo tratar a las mujeres, la honestidad en los negocios. Cómo educar a los hijos. Vivir la salud y templanza, y crecer en el temor de Dios. VII) 33, 20-36, 19: Explica la esclavitud, las supersticiones, el culto falso y verdadero, y la oración por la salvación de Israel.

VIII 36, 20-39, 15: Cómo vivir la templanza. Cuestiones médicas. El culto de los muertos y un estudio de la sabiduría. Finalmente, termina con IX 39, 16-43, 37, una alabanza de la Divina Providencia. Las penas y alegrías de la vida humana, los castigos de los impíos. Cuál es la verdadera y la falsa vergüenza. Himno a Dios Creador, así como X 44, 1-50, 23, un elogio de los padres.

Uno queda sin palabras para describir todo el bien que hace para la vida cotidiana, seguir todos esos consejos. Que lejos de ser una doctrina «profunda y compleja», son costumbres de vida, que van impregnando nuestra forma de actuar. Nos ayuda a prosperar en nuestra felicidad, y nos da las enseñanzas que necesitamos para saber cómo proceder, prácticamente, ante cualquier situación de nuestra vida.

Vivimos en un mundo donde abunda una moral superficial, más conocida como la «Nueva Era», que no va más allá de un conglomerado de nociones espiritualistas, que tiñen con un mediocre barniz las necesidades y anhelos más profundos de nuestro corazón. Además, vemos un aumento progresivo del secularismo, que hace cada vez más difícil cualquier tipo de relación con Dios.

Todo esto infelizmente acarrea consecuencias funestas para la vida del ser humano, que ya no sabe dónde encontrar el sentido y propósito de su vida. Ya no puede sanar las heridas interiores que causan profundos sufrimientos espirituales, y al vivir cada día más alejados de Dios, necesitamos orientaciones espirituales que broten del manantial puro y vivo de nuestro Señor.

En el Libro del Eclesiástico se nos brindan gratuitamente consejos que costarían varios miles de dólares si vinieran de un maestro famoso, o de uno de esos «gurúes» de auto ayuda. Que parecen tener todas las respuestas mágicas para cualquier tipo de problema que aqueja nuestro vivir.

3. La ayuda que necesitamos del Espíritu Santo

El sabio escritor va escudriñando, como en un laboratorio, las dificultades y problemas de la vida humana, y ofrece soluciones muy concretas y encarnadas para tanta confusión y tinieblas que vivimos a diario. ¿Puede haber favor más grande? ¿Cuántas veces no sabemos qué hacer? ¿Cuántas veces obramos mal y nos equivocamos, causando dolor y tristeza… y luego, no sabemos qué hacer?

Es una enseñanza fabulosa, pues no son esas soluciones racionales, de la pura ciencia, que junto con los —no poco admirables avances tecnológicos— cree tener las respuestas para todos los problemas. Y, si no ahora, en un futuro no muy lejano. La verdad es que cada época de la humanidad ha endiosado y rendido idolatría a dioses, que no son más que creaciones de nuestras propias manos. Actualmente, creo que todos estamos de acuerdo, se plasma en la primacía de los avances tecnológicos.

El Eclesiástico está iluminado por el foco del amor sobrenatural. La gracia o la vida misma de Dios. ¿Qué más podemos pedir? Para los felices creyentes (Lucas 1, 45) se lo conoce con el nombre divino del Espíritu Santo.